religión

La nueva religión-moral de la velocidad

de Filippo Tommaso Marinetti escrito en 1916

En mi Primer Manifiesto (20 de febrero de 1909) declaré: la magnificiencia del mundo ha sido enriquecida por una nueva belleza, la belleza de la velocidad. Después del arte dinámico, la nueva religión-moral de la velocidad nace este año Futurista de nuestra gran guerra liberadora. La moral cristiana sirvió para desarrollar la vida interior del hombre. Hoy ha perdido razón de existir porque se ha vaciado de toda divinidad.

La moral cristiana defendía la estructura psicológica del hombre del exceso de sensualidad. Moderaba y balanceaba sus instintos. La moralidad Futurista defenderá al hombre de la decadencia causada por la lentitud, porla memoria, por el análisis, por el reposo y el hábito. La energía humana multiplicada cien veces por la velocidad dominará el Tiempo y el Espacio.

El hombre empezó por despreciar el ritmo isocrónico, con cadencia, idéntico que el de su forma de caminar, de los grandes ríos. El hombre envidiaba el ritmo de los torrentes, ese que es como el galopar de los caballos. El hombre dominó al caballo,al elefante y al camellos para mostrar su autoridad divina a través de un aumento de velocidad. Se volvió amigo de los animales más dóciles, capturó a los animales rebeldes y se alimentó de los animales comestibles. Desde el espacio el hombre robó la electricidad y luego los combustibles líqiodos, para hacer aliados nuevos en los motores. El hombre dio forma a los mentales que había conquistado y los hizo flexibles con el fuego, para aliarse a si mismo con sus combustibles y con la electricidad. De esa manera armó un ejército de esclavos, peligrosos y hostiles pero suficientemente domesticados para llevarlo rápidamente sobre las curvas de la tierra.

Caminos tortuosos, caminos que siguen la indolencia de las corrientes y se enredan a los largo de las espinas y panzas irregulares de las montañas, estas son las leyes de la tierra. Nunca con líneas rectas; siempre arabescas y en zigzag. La velocidad al final le da a la vida humana una de las características de la humanidad: la línea recta.

El opaco Danubio bajo su túnica lodosa, su atención volcada sobre la vida interior llena de peces gordos, libidinosos y fecundos, corre murmurante entre los altos e implacables bancos de montañas como si dentro del inmenso corredor central de la tierra, un convento se abriera por las rápidas ruedas de las constelaciones. ¿Cuánto tiempo permitirá este flujo azaroso a un automóvil, ladrando como un fox terrier loco pasarle encima a máxima velocidad? Espero ver el día que el Danubio corra en línea recta a 300 kilómetros por hora.

Uno debe perseguir, azotar y torurar a todos aquellos que pequen contra la velocidad.

Grave culpa de las ciudades paseistas donde el sol se pone, disminuye la velocidad, y nunca se mueve de nuevo. ¿Quién puede creer que el sol se irá esta noche? ¡Tonterías! ¡Imposible! Reside aquí. Plazas, lagos de fuego estancado. La calles ríos de fuego perezoso. Ninguno puede pasar, por el momento. No puedes escapar! Una inundación de fuego. Neesitarías un bote refrigerado o un traje de buzo de hielo para cruzar ese fuego. Observa atentamente. Un despotismo, una redada de luz, a punto de arrestar a los rebeldes en sus blazones de frío y velocidad. Un estado de sitio solar. Calamidad al cuerpo que deja el hogar. Un golpe con un mazo en la cabeza. Acabado. Guillotina solar sobre todas las puertas. Calamidad al pensamiento que deja el cráneo. Dos, tres, cuatro notas de plomo caerán en él desde el campanar en ruinas. En la casa, de manera sofocante, una locura de moscas nostálgicas. Una mezcla muslos y memorias sudorosas.

La lentitud criminal de las multitudes dominicales y las lagunas venecianas.

La velocidad, teniendo como esencia la síntesis intuitiva de cada fuerza en movimiento es naturalmente pura. La lentitud, teniendo como esencia el analisis de cada cansancio en reposo, es naturalmente impura. Después de la destrucción del dios antiguo y de la maldad antigua, creamos a un nuevo dos, la velocidad y a un nuevo mal, la lentitud.

Velocidad = síntesis de cada valor en acción. Agresivo y beligerante.

Lentitud = análisis de cada prudencia paralizada. Pasivo y pacifista.

Velocidad = desprecio por los obstáculos, deseo de lo nuevo y lo inexplorado. Modernidad, higiene.

Lentitud = encanto, éxtasis, adoración inmóvil de los obstáculos, nostalgia de lo ya visto, idealización del cansancio y el descanso, pesimismo sobre lo inexplorado. Romanticismo rancio de lo salvaje, poeta que merodea y filósofo de pelo largo, anteojudo y sucio.

Si la oración significa comunicación con la divinidad, correr a alta velocidad es una oración. Lo sagrado de las llantas y los rieles. Uno debe arrodillarse en las vías para orar a la velocidad divina. Uno debe arrodillarse ante la velocidad giratoria de una brújula giroscópica: 20,000 revoluciones por minutos, la velocidad mecánica más alta alcanzada por el hombre. Uno debe arrancar de las estrellas el secreto de velocidad increíble e incomprensible velocidad. Déjennos unirnos a las grandes batallas celestiales, compitamos con la estrella 1830 Groombridge que vuela a 241 km por secundo, con Arthur que vuela a 413 km por segundo. Artillería matemática invisible. Guerra en la que las estrellas, siendo tanto misiles como artillería, igualan sus velocidades para escapar de una estrella más grande o para atacar a una más pequeña. Nuestros santos masculinos son los corpúsculos innumerables que penetran nuestra atmósfera e una velocidad promedio de 42,000 metros por segundo. Nuestras santas femeninas son la luz y las ondas electromagnéticas a 3×1010 por segundo.

La intoxicación de grandes velocidades en los automóviles no es nada más que la alegría de sentirse fusionado con la única divinidad. Los deportistas son los primeros catecúmenos de esta religión. La venidera destrucción de hogares y ciudades, para hacer espacio para grandes lugares de encuentro para coches y aviones.