La #marchayosoy132 o Espacio público y democracia

Un rugido se alzaba sobre la ciudad, y atronaba incesante, obsesivo, arrollando cualquier otro sonido. Un rugido que no tenía nada de humano. En efecto, no se alzaba de seres humanos, criaturas con dos brazos y dos piernas y un pensamiento propio, sino que se elevaba de una bestia monstruosa y carente de pensamiento: la multitud, el pulpo de mediodía […] había invadido la plaza, y luego había alargado los tentáculos a las calles adyacentes, atestándolas, sumergiéndolas implacable como la lava que, en su desbordamiento, devora todos los obstáculos. [Fallaci, 1979]

Históricamente, la política se crea en el espacio público. Lamentablemente después de los griegos, todo se fue al carajo. Pero dejaron esa palabra tan linda que simplemente quiere decir relativo a los ciudadanos.  La Estela de Luz, un mal espacio público y aún peor monumento (¿es un monumento a qué?) fue el escenario para que miles de jóvenes, entre estudiantes y no estudiantes se reunieran. Al principio toda la energía del lugar era como del primer día de clases en una escuuela nueva: había algunos que se conocían, grupos pre-formados, pero ninguno realmente sabía lo que iba a pasar. Después de intercambiar libros, pintar algunas mantas y que llegaran todos los que tenían que llegar, la gente comenzó a desbordarse a la calle.

Hubo algunos que simplemente querían quedarse ahí, en la estela, otros que querían ir por la banqueta, pero la masa cobró vida propia. Nada tan orgánico como el caos de miles de estudiantes que acaban de despertar. La marcha fue como cualquier niño, aprendiendo a caminar, corriendo a veces, probando caminos, no siguiendo los que siempre se usan.

Todo empezó por pedir neutralidad en los medios. Se pasó a exigir que un candidato presidencial no sea presidente. Debo de admitir que conforme avanzábamos por Reforma y después por Avenida Chapultepec hacia Televisa, me sentí un poco confundido. El futuro más inmediato era hacia qué calle iríamos, el futuro incierto siempre da miedo.

Y llegamos a Televisa. Gritamos, todo el camino gritamos. Pocas veces los gritos universitarios se escuchan juntos con un fin común. Y quizá el fin era marchar, quizá el fin era ir juntos, quizá el fin es simplemente despertar del letargo en el que nos hemos encontrado por tanto tiempo, darnos cuenta de que tenemos algo de poder. Que el espacio público con gente que tiene diferentes ideas y las comparte, es política.

Para cuando llegamos al Eje Central, todo tenía un poco más de sentido, estábamos marchando para cambiar el futuro incierto, por medio del presente cambiante. Crear cambio con nuestros pies, para después, espero crear otro tipo de cambio más permanente.

La marcha tuvo todo un crecimiento en tres horas. Creó un centro, el cual superó en tamaño,  se movió de él, se escurrió por las calles y ocupó la ciudad, o por lo menos una parte. Esperemos que lo que inició ayer tome forma y se vuelva, como dijo la señora Fallaci, imparable.

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