Desde el sillín

Resulta que esa cosa en la que nos sentamos aquellos que nos subimos a una bicicleta no se llama asiento, se llama sillín. Ese es el mismo nombre que tienen algunas sillas de montar caballos. Supongo que la palabra data de aquellas épocas en las que aún habían muchos caballos en la calle. Por eso el término en casi todos los idiomas es “montar bicicleta”. Una forma extremadamente bella de decir a la interacción humano-máquina que ha caído en desuso, por lo menos en los círculos en los que me muevo.

No tengo nada contra decir “andar en bicicleta” porque también es un término bello; de hecho, son casi sinónimos, sin embargo el mayor uso de “andar” se podría  deber a ese movimiento que a veces nos parece muy normal y que genera la fuerza necesaria para animar algo inanimado, que de cualquier forma nos llena de vida, “echamos a andar la bici” como si nada.

A lo que voy con todo esto es a que en ese sillín, montando o andando en bicicleta, se ve la vida diferente. Es por eso por lo que decidí empezar este blog, para poner un poco de lo que veo y para poder dar espacio a toda la información que a veces no nos llega tan fácilmente.

Andemos, pues.

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